¿Quiénes Somos? Iglesia Duque de Sesto
En la Iglesia Duque de Sesto, somos una iglesia cristiana evangélica que hunde sus raíces en la Reforma Protestante del siglo XVI. Como Asambleas de Hermanos, nuestra identidad nace de un movimiento de renovación que busca recuperar la sencillez y pureza del evangelio tal como se vivía en el Nuevo Testamento. Nos esforzamos por vivir y transmitir la fe de manera genuina, tanto en lo personal como en la comunidad, reflejando así el amor y la verdad de Cristo en todo lo que hacemos.
Nos define un fuerte énfasis en el estudio profundo de las Escrituras y el impulso misionero. Creemos en una iglesia participativa donde cada creyente tiene un papel activo, guiados por un Consejo de Ancianos que vela por el cuidado pastoral y la fidelidad a las enseñanzas de Jesús.
Más allá de las estructuras, somos una familia abierta en el corazón de Madrid. Nuestro deseo es ser un lugar de encuentro donde cualquier persona pueda explorar la fe, encontrar esperanza y experimentar el amor de Dios en un ambiente de libertad espiritual y ayuda mutua.
Nuestra Salvación
Proclamación de la fe en Cristo como único medio de salvación.
Nuestra Guía
Reconocimiento de la Biblia como única norma de fe y práctica.
Nuestra Adoración
Celebración semanal de la Mesa del Señor el primer día de la semana.
Nuestra Iglesia
Sacerdocio espiritual de todo creyente ejerciendo sus dones espirituales.
¿Qué creemos y practicamos?
Esta Iglesia cree y enseña:
- La existencia de Dios Único, Trino, Creador y Soberano.
- La Gracia de Dios, la Providencia, la Revelación, la Redención y el Juicio Final
- La Divina Inspiración de la Sagrada Escritura en sus documentos originales, y por consiguiente su credibilidad total y su suprema autoridad en todo lo que atañe a la Fe y a la conducta.
- La pecaminosidad universal y la culpabilidad del hombre alejado de Dios, que le acarrea la condenación eterna.
- El sacrificio vicario de Jesucristo, el Hijo de Dios engendrado por el Espíritu Santo y encarnado por el nacimiento virginal, único y suficiente fundamento de redención de la culpabilidad y del poder del pecado, así como de sus consecuencias eternas.
- La justificación del pecador solamente por la Gracia de Dios, por medio de la Fe en Cristo crucificado y resucitado de los muertos, y ascendido a la Gloria, a la diestra de Dios Padre.
- La salvación eterna, sólo en el nombre de Jesús, y segura para todo aquel que cree.
- La Obra del Espíritu Santo quien ilumina, regenera y mora en el creyente y le santifica.
- El sacerdocio de todos los creyentes que, en la unidad del Espíritu Santo, constituyen la Iglesia Universal, el Cuerpo del cual Cristo es la cabeza, comprometidos por el mandamiento de su Señor a la proclamación del Evangelio a todo el mundo.
- La esperanza del retorno visible del Señor Jesucristo en poder y gloria, la resurrección de los muertos y la consumación del Reino de Dios.
Esta iglesia guarda y practica:
- El bautismo de los creyentes por inmersión, bajo confesión personal de Fe.
- La conmemoración de la muerte del Señor Jesucristo por el Partimiento del Pan, el primer día de la semana, siempre que lo permitan las circunstancias, recibiendo a la Mesa del Señor (nombre con el que se denomina este acto) a toda persona creyente en la Fe cristiana, miembro en comunión de una iglesia evangélica, y de buen testimonio.
- La celebración de los cultos de adoración, con oportunidad para el ejercicio de todos los verdaderos dones espirituales que edifican a los santos en sujeción al Señorío de Cristo.
- El reconocimiento público de miembros fieles, conocedores de la Sagrada Escritura y de conducta intachable, tanto en su celo por el Señor y su Palabra como por el cuidado del pueblo de Dios, como Pastores, Ancianos o Sobreveedores en la Iglesia.
- El mantenimiento de la libertad espiritual de la Iglesia local, manifestando un espíritu fraternal y de ayuda mutua, tanto en lo espiritual como en lo material, entre la Iglesia y sus miembros, y entre la Iglesia local y otras Iglesias que mantengan la sana doctrina y las prácticas bíblicas según el Nuevo Testamento.
- La cooperación de todos los miembros en la edificación espiritual de la Iglesia, mediante el ejercicio de sus dones espirituales en sujeción al Señorío de Cristo.
